Móviles en los colegios

Su uso moderado mejora el rendimiento académico

Con la adjudicación de licencias de telefonía móvil, en marzo del 2000, comenzó una nueva era de la comunicación en España. Desde entonces la utilización del móvil no ha dejado de crecer en todas las edades. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 25% de los niños de 10 años dispone de un terminal, porcentaje que alcanza el 94% al cumplir los 15. Nueve de cada diez adolescentes lo usan habitualmente, pues facilita la comunicación y el intercambio. La experiencia de los adultos muestra también la dependencia que puede generar.

El uso del móvil suscita un debate específico en el ámbito escolar. No sólo por las posibilidades para el envío de mensajes, fotos, vídeos, entretenimiento, situaciones de bullying, etc. A padres y educadores preocupa también la tendencia al aislamiento en recreos y tiempos libres por causa del móvil, así como los posibles efectos en el ámbito académico: la disponibilidad inmediata y la atención requerida en clase pueden ser difícilmente compatibles, y disminuir el rendimiento. Al mismo tiempo, algunos profesores lo utilizan para trabajar en el aula: el programa Kahoot, por ejemplo, permite repasar conceptos de forma entretenida, con preguntas y respuestas a través del móvil. En esta situación se discute si procede restringir el uso de modo generalizado, o sólo en algunas etapas; en qué espacios debe permitirse la utilización, y en cuáles no. Tanto los padres como la comunidad educativa buscan el mejor modo de proceder para hacer frente al fenómeno.

La Consejería de educación del Gobierno Vasco ha dado libertad a los centros para decidir lo que estimen oportuno. Otros países de nuestro entorno difieren en la respuesta. En Francia, cumpliendo la promesa del presidente Macron en la campaña electoral, el texto aprobado en junio por la Asamblea Nacional considera que el uso del móvil “provoca numerosas disfunciones, incompatibles con la mejora del clima escolar”. También en los tiempos libres “puede ser nefasto al reducir la actividad física y limitar las interacciones sociales”. A partir de septiembre, los móviles estarán prohibidos en los colegios e institutos para los menores de 15 años. Aunque muchos centros ya lo consideraban en sus reglamentos, la nueva ley les ofrece una base jurídica más sólida.

En el Reino Unido la opinión pública debate desde hace tiempo sobre el asunto. Un estudio de la London School of Economics lo analiza desde el rendimiento de los alumnos. El informe ‘Technology, Distraction & Student Performance’ toma como referencia una serie de datos sobre la población escolar, decisiones adoptadas en los centros respecto de los móviles, calificaciones obtenidas los últimos años, y la expansión de la telefonía por franjas de edades. Partiendo de la a utilización habitual del móvil por el 90% de la población estudiantil, considera las diferencias en los resultados, según las fechas de implementación de las prohibiciones en algunas escuelas. Entre las conclusiones destaca que, después de la prohibición, los estudiantes de 16 años mejoraron sus calificaciones un 6,41%. El dato más sorprendente se refiere, no obstante, a los alumnos con peor rendimiento de la clase: mejoraron sus calificaciones en un 14,23%, mientras que los de buenas notas –con más facilidad para concentrarse– apenas experimentaron variación. El Gobierno británico ha dejado que cada colegio decida, pues conocen mejor las circunstancias de sus alumnos.

Las medidas adoptadas por los centros, incluida la prohibición, quizá atajen temporalmente el problema, pero no solucionan la dependencia tecnológica de los jóvenes. La dimensión última del fenómeno se sitúa en el ámbito de la educación. Es un aspecto novedoso que requiere una actitud proactiva, tanto en el hogar como en la escuela. Establecer pautas y límites en este ámbito es importante en la misma medida que los demás aspectos del arte de educar. A la vista de su experiencia en casa, los padres demandan ayuda para orientar a sus hijos en la era tecnológica, mostrando lo que tienen de valioso los medios a su alcance y educando para su utilización responsable. También los docentes tenemos un gran campo en la forja de los alumnos en hábitos saludables. Pero, más allá de argumentos y controles, el esfuerzo será eficaz si va acompañado del propio ejemplo en el uso adecuado de las posibilidades técnicas.

José R. Garitagoitia

Profesor de ESO y Bachillerato


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *