El debate viene de lejos, también en países de nuestro entorno. En el verano de 2010 el Washington Post mostró en un reportaje la expansión de este modelo en las escuelas públicas de Estados Unidos (‘Separate but equal: More schools are dividing classes by gender’). La administración Obama fue la gran impulsora de esta opción. En virtud de unas normas federales de 1972, la enseñanza separada por sexos había quedado prácticamente reducida a la enseñanza privada. Cuando las escuelas públicas empezaron a mostrar la crisis, especialmente en las grandes ciudades, la necesidad de encontrar remedios llevó a abrir el sistema a innovaciones que le dieran un impulso, y lo enriquecieran con diversidad de estilos. A finales de 2006 el Gobierno americano aprobó un nuevo reglamento permitiendo la educación diferenciada en la enseñanza pública, con la condición de que fuese voluntaria y garantizase una enseñanza sustancialmente igual a chicos y chicas.

Tres años después más de 500 escuelas de la red pública en todo el país habían incorporado esta oferta (más del doble del total de centros diferenciados hoy en España). En parte por el impulso del sociólogo Arne Duncan, Secretario de Educación (Ministro) del presidente Obama y antiguo director ejecutivo de las Escuelas Públicas de Chicago. En la última década el número ha seguido creciendo. La web del Departamento de Educación así lo reconoce: “Durante la mayor parte de la historia de nuestra nación, la coeducación ha sido la norma en nuestras escuelas públicas primarias y secundarias. En los últimos años, sin embargo, el interés en la educación pública separada por sexos ha aumentado sustancialmente”.

La decisión del Tribunal Administrativo Federal, instancia suprema en esa jurisdicción en Alemania, es más cercana. En enero de 2013 sentenció un caso que enfrentaba al Ministerio de Educación del Land de Brandenburgo y una institución privada que había presentado un proyecto de colegio en la ciudad de Postdam, rechazado por tratarse de educación separada. “La Constitución no prohíbe la educación diferenciada por sexos, sino que la admite”, sentenció el juez presidente del 6º Senado del Tribunal con sede en Leipzig. Entendió que no era admisible hacer obligatorio un único proyecto educativo y puso fin a un litigio de seis años, fallado en el mismo sentido por dos instancias anteriores.

Desde una perspectiva democrática, el sociólogo francés Michel Fize, especialista en adolescencia y miembro retirado del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) se posiciona por la libertad: “no critico la educación mixta. ¡Yo critico que la educación mixta sea considerada como un artículo de fe, un dogma, un principio sagrado, intocable!”. Tanto la educación diferenciada como la coeducación son opciones pedagógicas, y no verdades absolutas que deban imponerse a quienes opten por otro modelo educativo. Así lo sentencia el tribunal alemán, asumiendo un pluralismo de formas y contenidos por los que puede optar una escuela en beneficio de sus alumnos.

José R. Garitagoitia

Doctor en Ciencias Políticas y en Derecho Internacional Público


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