Las vacaciones son un momento estupendo para disfrutar en familia, tener más tiempo para jugar y conocer a nuestros hijos… En muchas ocasiones, la vuelta de las vacaciones implica también la incorporación por vez primera a la etapa escolar. En esos momentos, a los padres nos suelen asaltar distintas dudas: ¿Cómo será el periodo de adaptación? ¿Y si llora mi hijo el primer día? ¿Estará bien atendido? ¿Me echará de menos? ¿Comerá bien? ¿Hacemos lo correcto llevándole al colegio con lo pequeñito o pequeñita que es?

En el momento en que hemos tomado la decisión es aconsejable, por un lado, pensar que es la mejor, sin olvidar, por otro, ponernos en la piel de nuestro hijo. Va a salir de un entorno en el que conoce a las personas, los espacios y objetos, y ello supone salir de su “zona de confort”, de la seguridad que le proporcionan sus padres y su hogar.

El periodo de adaptación suele abarcar los dos o tres primeros meses desde que inicia el colegio, claro está que cada niño es distinto y por tanto los ritmos también pueden variar. Rabietas, pesadillas y llantos pueden ser frecuentes en este periodo y se consideran reacciones normales.

¿Podemos hacer algo los padres para ayudarles en esta etapa? Por supuesto que sí, aquí van 5 consejos que creemos pueden ser de utilidad en estos casos: 

1 – Orden en los horarios teniendo bien establecidas unas rutinas. En este periodo, nuestros hijos van a necesitar que les proporcionemos una mayor seguridad. Días antes de empezar el colegio podemos por ejemplo ir acostumbrando a los pequeños a los nuevos horarios intentando adaptarlos en la medida en que se pueda, a los mismos que tendrá: levantarse más temprano, horario de comidas… Normalmente nos los habrán facilitado con anterioridad pero, si no es así, podremos llamar al centro y preguntarlos.

2 – ¡Qué importante es el papel de los padres ante las distintas situaciones que los hijos tienen que hacer frente! Una actitud asertiva y positiva ante la escuela seguro que será beneficiosa para nuestros hijos. Si de lo contrario nos ven angustiados, nerviosos, los niños asimilarán ese sentimiento y se sentirán igual. Por eso, los padres podemos de nuevo transmitir seguridad comentando con los niños que el colegio es un lugar muy divertido, que nosotros también íbamos cuando éramos pequeños,  que es un lugar donde aprender muchas cosas, hacer grandes amigos y a dónde, después de estar un ratito, luego vais a ir a buscar. Se puede, incluso, buscar una canción divertida sobre el colegio y ponerla de camino al mismo por las mañanas.

3 – En la puerta del centro es aconsejable que las despedidas sean rápidas. Lo contrario obstaculiza su adaptación. Ya aprovecharemos por la tarde para llenarles de achuchones y besos, que nos vean naturales y contentos. 

4 – María Montessori afirmaba que “cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo”. En ocasiones, los padres, queriendo ayudar y facilitar la vida a los más pequeños, tendemos a la protección, pensando que son incapaces de hacer muchas cosas que luego, de hecho,  sí aprenden a realizar y que en el colegio, al final, tendrán que llevar a cabo por sí solos. Si en casa, con paciencia, les vamos acostumbrando, en consonancia con lo que nos vayan transmitiendo en la escuela, a pequeños esfuerzos como quitarse o ponerse prendas de ropa, llevar y dejar la mochila ordenada, beber o comer solos…, eso que tendrán ganado y favorecerá una correcta autoestima.

5 – Otro apoyo fundamental en esta etapa es contar con una comunicación fluida con el profesorado: si planteamos nuestras dudas y preocupaciones sabremos ayudar a nuestro hijo a adaptarse correctamente.

Un buen colegio se preocupará, por su parte, de transmitir seguridad, confianza y cariño a vuestros hijos, así como de comunicar a las familias cómo está siendo el proceso de adaptación en cada caso.

En definitiva, esta situación a la que se hace imprescindible adaptarse no deja de ser un entrenamiento para futuras situaciones y circunstancias que tanto nuestros hijos como nosotros mismos tendremos que ir afrontando y adaptándonos. Recordad que sumando fuerzas, trabajando en equipo, se consigue mucho.

 


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